Nuevas Políticas Sociales para Nuevos Escenarios Latinoamericanos

31-mar-2014

Ilustración: Alejandro Salazar

Las políticas públicas sociales de los años noventa y principios del presente siglo se implementaron bajo el común denominador de la universalización de la cobertura de servicios, la construcción de una red de protección social a través de transferencias monetarias condicionadas destinada a la reducción de la extrema pobreza y la promoción de la demanda por servicios públicos, así como a las reformas en los sistemas previsionales de corto y largo plazo. Los impactos de estas medidas, unidos a la mejora de ingresos provenientes del boom económico trasladados al mercado laboral constituyeron un escenario denominado la “década ganada” para América Latina.

Si bien el diseño de las intervenciones tuvo características particulares en cada país, es claro que su orientación respondía a la necesidad de hacer frente a seculares rezagos sociales y económicos comunes en toda la región. Hoy la situación es distinta, los países han logrado importantes avances que están llegando a su agotamiento, lo que da indicios sobre la necesidad de reformas de otra índole para consolidar los logros alcanzados a la fecha. No es posible pensar que las mejoras en la región sigan la misma tendencia pues las condiciones de contexto han cambiado y las sociedades mismas también lo han hecho, lo que obliga a fijar nuevas metas en materia de logros en desarrollo.

De manera general, existen una serie de características peculiares que son determinantes para el diseño e implementación de políticas públicas en Latinoamérica en el futuro inmediato. Estos elementos, sin el ánimo de ser exhaustivos, conforman los criterios mínimos sobre los cuales podrían asentarse las bases para una nueva ola de reformas en los siguientes años:

Demografía. Un criterio central para la definición de políticas sociales en la región es la adaptación de las mismas a la estructura de edades y carga económica de los hogares. Mientras algunos países de la región recién ingresan en el bono demográfico[1] otros ya cuentan con una población más envejecida, lo que implica que el énfasis de sus políticas deberá ser distinto en función a sus realidades poblacionales. Países como Colombia o Guatemala tendrán que pensar en la educación y generación de empleos para jóvenes; mientras que Argentina o Costa Rica tendrán que enfocar su atención a reformas previsionales y políticas que anticipen necesidades de grupos de la tercera edad.

Urbanización y clases medias. El crecimiento y la consolidación de las clases medias unidos a procesos de urbanización configuran un nuevo escenario con nuevos patrones de consumo y también nuevas necesidades. ¿Qué demandan las clases medias en las ciudades? Responder esta pregunta obliga a pensar más allá de la reducción de pobreza y más bien invita a reflexionar sobre la calidad de los servicios educativos, de salud y seguridad ciudadana, así como la necesidad de rediseñar varios de los sistemas de provisión de los mismos en el futuro.

Los niveles de productividad y diversificación productiva. Ante el probable fin del “superciclo de las materias primas”, la preocupación por preservar los avances económicos de la región supone avanzar tanto en los incrementos en productividad, como en la diversificación productiva, en función a la realidad de las condiciones de cada país en materia de infraestructura, educación, incentivos a la inversión doméstica y extranjera, así como gastos en investigación y desarrollo. No obstante, el camino no es lineal ni único, y dependerá de la vocación productiva de los países, el grado de desarrollo de transportes y comunicaciones, así como de las necesidades en formación y educación de los recursos humanos.

La calidad del empleo. El crecimiento de la productividad y la riqueza económica son factores necesarios para la  generación de mejores empleos, pero no son suficientes en muchos casos. Las medidas para la mejora de la calidad del empleo también precisan intervenciones que incentiven la creación de empleo formal, refuercen la regulación laboral y desarrollen programas orientados a la protección del trabajador. Identificar de manera pormenorizada los cuellos de botella en las  condiciones laborales, así como las características del mercado de trabajo de cada sociedad permitiría desarrollar intervenciones adecuadas a cada situación. El grado de informalidad de Bolivia no puede ser tratado con recetas que pudieran funcionar bien en Chile o Uruguay.

En definitiva, mantener y mejorar la renovada imagen de la región plantea desafíos futuros que deberán encararse a la luz de un nuevo escenario internacional menos propicio, nuevos marcos de análisis y en función a las particularidades estructurales de las sociedades en cada uno de los países. Más allá de la orientación política, modelo económico y rol del Estado, mirar los contextos de cada país es una urgencia que desafía las capacidades institucionales de los estados latinoamericanos e implica lograr “la graduación”, ya no como países de renta media o alta, sino como países capaces de trascender las recetas generales de política pública para convertirse en diseñadores de intervenciones a la altura de los cambios sociales actuales.

 
[1] Entendido como el estadio demográfico en el que las tasas de dependencia de menores y adultos mayores de 65 años son bajas y la proporción de población en edad de trabajar es la más importante en la estructura poblacional.

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