La asignatura pendiente: el alcantarillado

11-mar-2015

En Bolivia, sólo el 70% de las viviendas cuentan con algún tipo de servicio sanitario, que puede ser un baño conectado a la red de alcantarillado, u otra cosa... Así, 83.751 viviendas de Santa Cruz de la Sierra, 26.521 de Cochabamba y 33.130 de El Alto dependen de pozos ciegos, letrinas o cámaras sépticas. Y cuando la vivienda está conectada a la red de alcantarillado, cabe preguntarse si esa red desemboca en una instalación para tratar las aguas servidas, o más bien si todo se va directamente al río.

Grráfico

Una ronda por los municipios del país basta para darse cuenta de que el problema sanitario existe y es bastante común, especialmente en el área metropolitano de Santa Cruz (apenas 49% de conexiones al alcantarillado según el Censo 2012). “Contamos solamente con la distribución del agua por red, no hemos llegado hasta el alcantarillado todavía”, dice la directora de Planificación de Porongo, Claudia Bustamante. Mientras tanto, la directora de Medio Ambiente de La Guardia, Ariani Aguilera, indica: “regularizamos y controlamos todas las casas que cuentan con pozos sépticos, que deben estar construidos en las mejores condiciones para no contaminar el medio ambiente”.

Pero esa no es la solución, comenta Carlos Salazar, director de Radio Santa Cruz: “Todo el Plan Tres Mil, la Villa Primero de Mayo y las zonas populares de Santa Cruz están llenas de pozos sépticos y es una fuente de contaminación terrible; las capas más superficiales de la napa freática ya no sirven y hay que perforar pozos de mayor profundidad cada vez”. El alcalde de Sacaba, Humberto Sánchez, explica que “la gente tiene que entender que es necesario tener plantas de tratamiento para las aguas servidas porque si no, igual estamos contaminando al suelo y al subsuelo; y nosotros mismos estamos ingiriendo alimentos regados con esas aguas, convirtiéndose esto  en un problema para la salud”.

En otros lugares, hay alcantarillado, pero que no desemboca en una laguna de oxidación o una planta de tratamiento. “Por el momento nuestras aguas servidas se dirigen hacia el río”, reconoce el alcalde de Mecapaca, Plácido Huanca. “Actualmente nuestro alcantarillado se encuentra con un solo desfogue, casi directo al río Rocha, obviamente (las aguas servidas) no son tratadas de manera adecuada”, dice el oficial mayor técnico de Colcapirhua, Marco Salguero. “Prácticamente todas las alcantarillas de la región metropolitana (de Cochabamba) descargan al río Rocha y toda la contaminación llega a nosotros”, comenta el alcalde de Sipe Sipe, Oscar Jaldín Valeriano.

Bano

Falta entonces construir las lagunas de oxidación y las plantas necesarias para tratar las aguas servidas. Pero, como en el caso de los botaderos municipales, los vecinos y hasta la Iglesia se oponen, por miedo a los olores. El expresidente del Concejo Municipal de Quillacollo, Elías Omar Terrazas Vera, cuenta que en su municipio “había un proyecto para que construir una planta de tratamiento en un sector del calvario, donde es el santuario de la Virgen de Urkupiña, sin embargo, los movimientos ambientalistas no lo han permitido”. “Parte de la iglesia se resistió porque ellos consideran que la instalación de una planta de tratamiento de residuos líquidos puede afectar la imagen que Urkupiña refleja ante Cochabamba y ante el mundo”, dice el alcalde de Quillacollo, Charles Becerra.

El oficial mayor de Planificación, Sergio Vega, indica que el gobierno municipal de Cochabamba enfrenta “una serie de conflictos sociales referidos a los proyectos de implantación de alcantarillado” debido a “la negativa de algunas juntas vecinales, puesto que el proyecto implica pasar por sus territorios”. Molestan los trabajos de excavación necesarios para la instalación subterránea de la red, así como “el temor de la población de que cualquier infraestructura relacionada a saneamiento básico puede traer algunos problemas de contaminación”, dice Vega. La exmancomunidad de Cochabamba, informa el alcalde de Tiquipaya, Saúl Cruz Pardo, proyectó “un tendido de red (de alcantarillado) y la instalación de lagunas de oxidación que nunca se pudo concretizar, porque hubo problemas sociales, en especial con la población de Colcapirhua. Al final se concluyó que cada municipio debería asumir su propio tratamiento de aguas residuales”. 

Viacha

El alcalde de Sipe Sipe, Oscar Jaldín, cree que toda esa resistencia social se debe a un problema de desinformación: “Todos piensan que las lagunas de oxidación emiten olores, pero con las nuevas tecnologías prácticamente éstos no existen”. Lo mismo dice el alcalde de Sacaba, Humberto Sánchez: “Nosotros tenemos ya unos proyectos de plantas de tratamiento de aguas servidas que no estamos pudiendo ejecutar debido a algunos sectores que se oponen porque piensan que es nocivo para la salud, pero no estamos hablando de lagunas de oxidación”.

Otro problema es el financiero. Instalar una red de alcantarillado y prever el debido tratamiento de las aguas servidas cuesta mucho. El oficial mayor técnico de Colcapirhua, Marco Salguero, evalúa el costo de una planta para el tratamiento de las aguas servidas en “aproximadamente 72 millones de bolivianos, que es bastante; equivale a dos POA o a los recursos de dos gestiones que deberíamos juntar para poder realizar un proyecto de esta envergadura”. En La Paz, dice Omar Rocha –quien fue por varias gestiones presidente del Concejo Municipal–, se necesitan unos “200 millones de dólares para renovar el alcantarillado”. El concejal de Viacha, Héctor Calle, dice que en su barrio, necesitan “cambiar el alcantarillado, ya que tiene más de 20 años y está muy antiguo”. En Palca, indica el alcalde René Aruquipa, “se requiere mucha inversión, casi 4.000.000 de bolivianos, que buscamos financiar a través del Ministerio de Medio Ambiente y Agua”.

Finalmente, hay errores de concepción que cuestan corregir. El director de Planeamiento, Andrés Loza, explica que “en Cochabamba tenemos un grave problema por culpa de empresas irresponsables que han mezclado las redes de recolección de aguas servidas con los desagües pluviales, lo que malgasta una gran cantidad de agua, que se pierde mezclada con el agua de alcantarilla y cuyo tratamiento o recuperación es mucho más costoso de lo que podría ser teniendo sistemas diferenciados”.

Pero en definitiva, Ronny Aguilera, asesor de la Secretaría Municipal de Planificación y Coordinación de Warnes, se felicita por el rendimiento de “una planta chilena que trabaja con las lombrices californianas para la producción de humus” y que beneficia a “3.500 familias por un costo aproximado de 13 millones de bolivianos”. En Warnes, el 42% de las residencias gozan de un baño privado, mientras que el 40% deben compartirlo con otra familia y el 17% no tiene ningún servicio sanitario.

 

Ilustraciones y fotos: Abel Bellido, Noelia Zelaya, Jacques Duhaime

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