“Somos más fuertes que la malaria”

03-dic-2015

Por Karen Peña, voluntaria del PNUD

“Somos más fuertes que los mosquitos, somos más fuertes que la malaria”. Martha tiene 21 años y está sentada esperando para ser atendida en el único Centro de Salud de San José, población del departamento de Beni. En sus brazos tiene a uno de sus hijos, de dos años, a quien hace dormir hasta que Gabriela, la enfermera de turno, los atienda.

Martha sabe que las 24 primeras horas son cruciales para diagnosticar la malaria; ella sabe que si tiene fiebre y escalofríos debe acudir a un médico inmediatamente. Lo sabe porque durante cuatro años (2010-2014) con otros voluntarios fueron casa por casa llevando el mensaje de cómo eliminar la malaria de su comunidad y de sus vidas. “Ahora estoy aquí, rezando que mi hijo no tenga malaria, y sea solo un resfrío”.

Gabriela Shavetz es enfermera del Centro de Salud San José, localidad situada a unas dos horas de Riberalta. Tiene esperanzas de que algún día la malaria deje de ser un problema para las familias que ella atiende. Hasta que llegue ese momento, realiza su tarea como el resto de sus compañeros. “Existen personas capacitadas sobre el tratamiento y las formas de prevención, nos toca ir a las casas e informar sobre estos aspectos”.

El trabajo del equipo médico se extiende por toda la Amazonía boliviana, más allá del Río Madre de Dios, atravesando carreteras de tierra y asfalto, donde no hay luz pero sí un microscopio para el diagnóstico de malaria y los medicamentos necesarios para contrarrestar esta enfermedad.

Estas posibilidades de acceso a servicios de salud en los lugares más recónditos del país se dan gracias al proyecto “Bolivia libre de malaria” y a los esfuerzos conjuntos entre el Ministerio de Salud, a través del Programa Nacional de Control de Malaria y de los programas regionales; del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, que actúa como Receptor Principal de los recursos que invierte el Fondo Mundial para eliminar la malaria; y de sus subreceptores, como ADRA Bolivia, que interviene directamente en parte del Beni.

Herberth Ortiz Vásquez, coordinador regional de ADRA en Riberalta, institución a cargo de la implementación de “Bolivia libre de Malaria” en la región,  afirma que “el último año se ha presentado menos del 1% de casos de P. falciparum” (el tipo de malaria que es letal). Se han hecho grandes esfuerzos para que las estadísticas den un resultado positivo, y una sus estrategias claves fue la intervención de brigadas que van a las orillas de los ríos a realizar acciones para controlar la malaria en todas sus formas.

Otra acción importante para combatir la enfermedad es la implementación de la estrategia de comunicación COMBI (para el cambio de comportamiento de las personas). Se elaboraron materiales de información y se preparó cuidadosamente cada mensaje para que la población adquiera conciencia sobre su rol en el proceso de eliminación de la malaria. Fue fundamental el empoderamiento de la gente en las poblaciones. “Veinticuatro horas tenemos para ir al médico; el tratamiento dura siete o tres días. El mosquitero nos sirve bastante para prevenir la malaria… Todo eso ya lo sé”, afirma Armando Batte mostrando un afiche de la campaña.

ADRA capacita a la población. La parte comunicativa del proyecto ha buscado socios comunitarios estratégicos para poder hacer réplicas de los mensajes conductuales buscando acciones en la comunidad: uso de los mosquiteros,  seguimiento al tratamiento, diagnóstico oportuno, etc. Las acciones han sido identificadas en base a un diagnóstico previo. A partir de ello, se han formado voluntarios en salud de base comunitaria para poder hacer la vigilancia en sus poblaciones. El personal de 160 puestos de diagnóstico comunitario ha sido capacitado y dotado con insumos para realizar diagnóstico oportuno, realizar acciones de prevención y asegurar el tratamiento.

En el departamento del Beni, el servicio llega a todas las poblaciones. Según Herberth Ortiz, se llega por lo menos a las 160 comprometidas. Muchas comunidades han sentido un gran impacto. En todos aquellos lugares en los que se intervino, se puede ver una disminución de casos de malaria. Pero muchas veces, el problema puede ser impredecible por asuntos climáticos.

El control de la malaria, desde cualquier nivel de coordinación, se basa en tres pilares: el diagnóstico temprano, el uso de medidas preventivas y la adherencia al tratamiento. Saúl Salas, representante de la población afectada de Malaria, afirma que las acciones que lidera el Ministerio de Salud con el apoyo del PNUD han sido fundamentales para prevenir la enfermedad, sobre todo en las poblaciones vulnerables al darles todo tipo de materiales y provisiones suficientes para asumir el reto de controlar la enfermedad en todos sus niveles.

Lilian es ama de casa y siente que tiene toda la responsabilidad de la salud de su familia. “Antes éramos muchísimos con la enfermedad, algunos morían porque no había atención. Ahora estamos tranquilos, por lo menos ya sabemos qué hacer”. Por ello, siempre acude a las reuniones vecinales de su comunidad y está al tanto de todo lo que llega al pueblo, sobre todo lo que se refiere a suministros del centro de salud, el único en Peña Amarilla. La esperanza suele ser a veces  el único antídoto para sobrevivir; pero, si de eliminar la malaria se trata, las poblaciones de la Amazonía están tranquilas porque se les ha dado lo necesario para prevenir y curar la enfermedad. Bolivia trabaja en equipo para eliminar la malaria.

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