En 2015, la comunidad internacional adoptó una nueva agenda para el desarrollo denominada la Agenda 2030, conformada por 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), con la que se trata de poner fin a la pobreza en todas sus dimensiones y asegurar el desarrollo sostenible a escala mundial y en cada una de las naciones. Este reto solo puede afrontarse con unos medios financieros suficientes y la combinación de esfuerzos y alianzas a escala nacional e internacional.

Los activos financieros a nivel mundial actualmente exceden USD 200 trillones y crecían antes del COVID-19 al 5% al año (Allianz Global Wealth Report (2018). Para alcanzar los ODS en los países en desarrollo, se ha estimado la necesidad de invertir entre USD 3.3 trillones y USD 4.5 trillones por año principalmente para infraestructura básica (carreteras, puertos, centrales eléctricas, agua y saneamiento, etc), seguridad alimentaria (agricultura y desarrollo rural), mitigación y adaptación al cambio climático, salud y educación (UNCTAD, 2018). Luego del impacto del COVID-19 a nivel global, los desafíos para lograr los ODS son aún mayores y ahora más que nunca se requiere acelerar la innovación, la creatividad y la transformación del sector privado y financiero. De hecho, el sector privado aporta en los países en vías de desarrollo el 90% de los empleos, el 80% de flujos de capital y el 60% del Producto Interno Bruto (PIB).

Las inversiones de impacto para el desarrollo sostenible están creciendo en algunas áreas y países, y hay evidencia de que invertir en los ODS tiene sentido económico, con estimaciones que destacan que alcanzar los ODS podría abrir USD 12 trillones de oportunidades de mercado en 4 principales nichos: 1) agricultura y alimentos; 2) energía y materiales; 3) movilidad urbana y 4) salud y bienestar, y crear 380 millones de nuevos empleos (Business and Sustainable Development Commission, 2018). Los ODS se incorporan cada vez más a los presupuestos públicos y cooperación para el desarrollo, y muchos países han tomado medidas para introducir sistemas de finanzas sostenibles. Por ejemplo, la emisión de bonos verdes ha aumentado enormemente, de USD 2.6 billones de dólares en 2012 a USD 167.6 billones en 2018 (Climate Bond Initiative, 2018). Sin embargo, a pesar de este aumento solamente representan el 3% del total de bonos que se emiten en el mercado de valores en el mundo. Chile está liderando en la región de Latinoamérica y el Caribe (LAC) la emisión de bonos verdes soberanos y en su primera emisión en 2019 logró movilizar más de USD 1.4 billones por parte de inversionistas institucionales. Por otro lado, Paraguay recientemente ha publicado a través de la Comisión Nacional de Valores (CNV) la incorporación de los “Bonos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)” al reglamento general del mercado de valores y con esto, se vuelve el país pionero en América del Sur para incentivar el mercado de valores hacia inversiones de impacto.

Otros instrumentos financieros como los Fondos de Inversión de Impacto, esquemas de crowdfunding y capitales de riesgo están orientando cada vez más sus inversiones en los temas relacionados con los ODS y están desbloqueando nuevas fuentes de financiamiento. La digitalización de las finanzas, las Fintechs y la innovación financiera también están demostrando su potencial para mejorar la movilización y utilización de fondos para los ODS. Los reguladores de la industria financiera son cada día más conscientes de las posibles implicaciones de los riesgos relacionados con el clima, la contaminación ambiental y los problemas sociales en la estabilidad financiera y están incorporando normativas y lineamientos para el análisis de riesgos sociales y ambientales en el sector financiero. Brasil, Paraguay, Perú y México son los cuatro países más avanzados en la región de LAC en aspectos de regulación del sector financiero e incentivos para las finanzas sostenibles.

En Bolivia existe un terreno muy fértil y prometedor para este tipo de iniciativas, y todavía permanece muy poco presente en el mapa de las finanzas sostenibles en el mundo, tanto desde la perspectiva de regulación al sector financiero, como de medidas de supervisión y medición de impactos, y las primeras iniciativas del sector privado comienzan a materializarse en el año en curso (2020), a través del diseño de nuevos fondos de inversión de impacto alineado a los ODS (Por ejemplo, el diseñado por CAPITAL SAFI).

Con los nuevos desafíos del país relacionados con la recuperación del impacto socioeconómico de la pandemia del Coronavirus (COVID-19), la recuperación de las zonas afectadas por los incendios de 2019 en la región de la Chiquitanía y la desaceleración del crecimiento económico de la industria extractiva, es necesario diseñar nuevos esquemas e instrumentos de financiamiento que combinen el amplio espectro de inversiones que ahora existen en el mercado de capitales y poder canalizarlos y direccionarlos hacia el logro de los ODS y agendas de desarrollo integrales.

Para iniciar un camino sin retorno hacia las finanzas sostenibles en Bolivia, La Confederación de Empresarios Privados de Bolivia (CEPB) en su calidad de Secretaría Ejecutiva del Pacto Global, junto con el PNUD y la Asociación de Bancos Privados de Bolivia (ASOBAN), está impulsando la conformación de la “Mesa de Finanzas Sostenibles”, cuyo objetivo es crear las condiciones y el marco habilitador para impulsar transformaciones en la industria y el sector financiero boliviano, que apunte a la sostenibilidad de sus inversiones bajo los lineamientos internacionales de finanzas sostenibles como ser los criterios ASG (Ambientales, Sociales y de Gobernanza Corporativa) y los estándares de inversiones de impacto hacia los ODS.

El PNUD cuenta con la experiencia de apoyar este proceso en otros países del mundo y recientemente impulsa los estándares para la emisión de Bonos ODS y la certificación de Fondos de Inversión Privadas (Para más información visitar https://sdgimpact.undp.org/). En Bolivia estamos apoyando a CAPITAL SAFI para certificar su fondo de inversión y al Banco Central de Bolivia en la exploración para la emisión de Bonos ODS (Bonos Verdes y Bonos de Impacto Social). Lo anterior para dar respuesta a los desafíos del cambio climático y a la recuperación socioeconómica del COVID-19.

***Las inversiones de impacto son aquellas realizadas en empresas, instituciones y/o fondos con el objetivo de generar un impacto social y ambiental positivo centrado en las personas y en el planeta, además de generar una rentabilidad económica para sus inversionistas. Se compone de tres elementos básicos: 1) Intencionalidad: la inversión pretende desde su diseño generar un impacto social, económico y ambiental positivo; 2) Rentabilidad económica: la inversión debe generar una rentabilidad aceptable para los inversionistas y; 3) Impacto medible: deben cuantificarse y comunicarse los impactos ejercidos, pretendidos o no a través de un mecanismo de monitoreo, reporte y verificación. Además, en su etapa de pre-inversión es requerido un análisis de riesgos sociales y ambientales y un mecanismo de prevención y mitigación de los riesgos identificados.

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