Ha corrido mucha tinta en torno a las elecciones generales recientes en Bolivia. Y no por motivos menores: el pasado 18 de octubre, bolivianos y bolivianas se dieron cita en las urnas en un contexto institucional complejo y en el marco de los durísimos impactos socioeconómicos y sanitarios de la pandemia del COVID-19. Existe en Bolivia, y también a nivel global, una conversación sobre la necesidad de repensar los “contratos sociales" y su evolución de modelos basados en "comando y jerarquía” hacia esquemas de “colaboración y consentimiento”, donde múltiples actores trabajan juntos en diferentes niveles.

Las elecciones generales en Bolivia son un ejemplo de resiliencia institucional y de ejercicio democrático, así como un ejemplo de construcción institucional alrededor de un modelo de “colaboración y consentimiento” motivado por el poder electoral, los actores políticos y la sociedad boliviana en su conjunto.

Muchos han planteado que la elección de 2020 ha sido la más compleja de la historia democrática de Bolivia desde 1982. Y, sin dudas, será recordada como un hito en la historia política del país por varias razones:

  • Un primer elemento que define esta elección es su nivel de participación histórica. Con un 88% del electorado habiendo emitido su voto, una tasa ubicada por encima del promedio histórico en las últimas cuatro décadas, se exhiben niveles de interés por parte de la ciudadanía en definir el curso político a través del sistema de representación político partidario. Lo que es aún más destacable, este altísimo nivel de participación se logró a pesar del contexto de crisis multidimensional en la que se combinaron varios factores: la crisis política de octubre y noviembre de 2019, que ocasionó la renuncia del presidente Morales e instalación de un gobierno de transición, y la emergencia sanitaria provocada por la pandemia del COVID-19, que profundizó aún más la polarización y el desencuentro de la sociedad boliviana. 
  • Un segundo elemento, que denota madurez política y la priorización de un clima de paz por encima de esquemas de fragmentación y polarización, ha sido el comportamiento de los actores políticos, y en particular las minorías, con relación al reconocimiento de resultados. Ello contribuyó a brindar credibilidad a estos procesos, fortaleciéndose el ejercicio democrático y respeto a la institucionalidad.
  • Un tercer elemento, por cierto, histórico, han sido los avances en la paridad de género y el alto nivel de representación política de las mujeres en política. Por primera vez en la historia de Bolivia, se logró que todas las listas de las fuerzas políticas llegaran a la jornada electoral con listas paritarias. Y se logró un número histórico de mujeres senadoras electas, que hoy representan un 56% de los escaños del Senado.
  • En cuarto lugar, el rol de la comunidad internacional, que se alineó para fortalecer institucionalmente el poder electoral, fue decisivo. No solo para lograr la movilización de esfuerzos técnicos especializados, sino también por su apoyo político institucional a lo largo de todo el proceso, brindando mensajes con claridad y firmeza, que fueron cruciales para reforzar el espacio de acción para un proceso electoral transparente, inclusivo y justo.
  • La observación electoral fue un elemento clave en el proceso electoral. Tanto las misiones de observación electoral internacionales, como aquellas llevadas a cabo por organizaciones de la sociedad civil del país, brindaron importantes informes para generar certeza en la ciudadanía en un contexto polarizado y antagónico, validando el rol de la observación y participación ciudadana en estos procesos. 

La comunidad internacional apoyó el proceso electoral en forma decisiva. Con los buenos oficios del Secretario General a través de su Enviado Personal, y junto con actores de la comunidad internacional y la Conferencia Episcopal, se generaron condiciones para hallar una salida pacífica e institucional a la crisis de 2019. Y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) contribuyó en forma sólida al logro de estos resultados, iniciando en forma inmediata acciones de asistencia electoral en alianza y con apoyo financiero de países amigos de Bolivia, incluyendo a Suecia, la Unión Europea, Canadá y el Reino Unido.

¿Cuál fue el rol del PNUD para maniobrar en este contexto extremadamente polarizado?

  • Apoyamos acciones de asistencia técnica mediante un blindaje institucional del Órgano Electoral Plurinacional (OEP), asegurando la vigencia de la independencia de poderes. Con esta acción, se fortaleció la opción de entregar una salida democrática e institucional para la resolución de la crisis política desatada en octubre de 2019. Este esfuerzo, fuertemente respaldado por la ONU desde todos los niveles, resultó ser un activo estratégico para el logro de resultados de un proceso electoral limpio, seguro y transparente.
  • Desplegamos personal electoral especializado al terreno para trabajar con los Tribunales Electorales Departamentales, asegurando la presencia de la ONU allí donde no suele ser un actor esperado. Esta decisión fue acertada ya que contribuyó a generar confianza con los actores políticos locales a través de diálogos basados en la noción de "cultura de paz", auspiciados por el PNUD y convocados por el poder electoral.
  • Incorporamos en las actividades clásicas del OEP (administración del proceso electoral, organización de la votación, funciones jurisdiccionales y operativas) el diálogo democrático como mecanismo de gestión política (deliberación, interacción y comunicación) en un entorno de actores políticos desconfiados y organizaciones de la sociedad exigentes del respeto de su voto, de transparencia e imparcialidad. Junto al TSE y TED, ejecutamos más de 200 diálogos electorales en todo el país, forjando una “nueva” experiencia y práctica democrática electoral.
  •  Logramos una coalición de la comunidad internacional en torno a las acciones de asistencia electoral, con apoyos financieros y políticos, que contribuyeron a través de declaraciones y posicionamientos conjuntos en torno a una agenda centrada en los derechos políticos, elecciones transparentes y la gobernanza democrática.

El proceso electoral en Bolivia continúa en 2021, con las elecciones subnacionales de marzo y abril, que darán cierre al ciclo electoral boliviano. En la conclusión del período electoral, se abren oportunidades para lanzar esfuerzos renovados para el fortalecimiento institucional de la mano del OEP, con una perspectiva de largo plazo y de generación de capacidades para la construcción democrática en Bolivia.

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