Las crisis tienen la particularidad de llevarnos de regreso a verdades básicas y fundamentales. Los incendios en la Chiquitania, la COVID-19 y la recesión económica son situaciones que están transformado todos los aspectos de nuestras vidas y han intensificado los desafíos existentes, pero al mismo tiempo nos han mostrado el poder de la resiliencia humana y han generado manifestaciones conmovedoras de solidaridad confirmando que la empatía funciona invariablemente, afirmando que la buena voluntad es, en última instancia, mucho más contagiosa que el nuevo virus.

Durante este año las voluntarias y voluntarios de Bolivia han estado contribuyendo en la primera línea de respuesta a las grandes dificultades que ha enfrentado el país, ya sean sociopolíticas, económicas o ambientales.  Al mismo tiempo, y de manera menos visible, todos los días y en todas partes del país cientos de bolivianos y bolivianas contribuyen voluntariamente con su tiempo, compromiso y conocimiento a afrontar problemáticas que ponen a prueba su capacidad de adaptarse a los cambios. En especial, es en las comunidades rurales donde apreciamos formas ancestrales de organización y solidaridad, como el "ayni", la "minka" y el "yanapacu"(1), que se constituyen en una lección de los pueblos indígenas y de cuyo espíritu se nutre el voluntariado.

Es imperativo destacar la participación de las mujeres y el rol protagónico que han jugado las y los jóvenes en la organización de actividades solidarias. El Voluntariado ha sido esencial en los momentos más duros de la pandemia y lo seguirá siendo para la recuperación económica. La ciudadanía ha sabido reaccionar y dar más con menos para atender las necesidades sociales. Sin embargo, también se han visibilizado las dificultades que enfrentan las personas que realizan voluntariado y la marcada necesidad de apoyo estatal en todos sus niveles para fortalecer una infraestructura del voluntariado que valorice, capitalice y reconozca esta contribución como una de las más importantes para avanzar en la Agenda 2030 y en el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Aprovechar la fuerza del voluntariado es tan oportuno como esencial. Para ello es indispensable desarrollar herramientas y enfoques para medir y comprender mejor la escala, el alcance y las contribuciones económicas, sociales y ambientales del voluntariado como parte de los planes de desarrollo del país. El desafío de promover inversiones que fortalezcan la contribución de las organizaciones voluntarias es un desafío colectivo. Es del estado, es de la sociedad, es el del sector privado, es el de la academia. Todas y todos tenemos algo que aportar para aprovechar y valorar en su justa dimensión el potencial trasformador del voluntariado.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo es la agencia del Sistema de las Naciones Unidas que más voluntarias y voluntarios ONU moviliza en el país, en los últimos años cerca de 1.400, y tiene el firme compromiso de promover espacios de participación ciudadana que conlleven a disminuir las desigualdades y mejorar la calidad de vida de las y los bolivianos.

Hoy 5 de diciembre, Día Internacional y Nacional del Voluntariado, es una oportunidad para promover del voluntariado para animar a los gobiernos a apoyar estos esfuerzos brindando mayores niveles de protección e institucionalidad al voluntariado, y para reconocer las grandes contribuciones de voluntarias y voluntarios alrededor del mundo para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenibles para no dejar a nadie atrás.

Es un momento especial para poder agradecer a las voluntarias y voluntarios en todo el mundo por sus esfuerzos a las grandes causas del desarrollo sostenible.

¡Feliz Día del Voluntariado!

 

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(1) El Ayni, la Minka y el yanapacu son mecanismos institucionalizados de cooperación; son formas de reciprocidad entre familias  Indígenas: Pueblos Indígenas y Originarios de Bolivia: Quechuas y Aymaras,  XAVIER  ALBÓ, La Paz 1998.

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