Las micro pequeñas y medianas empresas (MIPYMES) juegan un rol fundamental en el aparato social y económico para el crecimiento de los países. A nivel global, representan más del 90% del total de empresas, generan más de dos tercios de la totalidad del empleo, y son responsables del 50% del Producto Interno Bruto (PIB)[1]. A pesar de esta enorme contribución al desarrollo y la economía, las MIPYMES tienen un largo camino por recorrer en cuanto a mejoras en las condiciones de trabajo y con ello sus niveles de productividad y competitividad. La actual pandemia  del COVID-19 es una oportunidad para dar saltos importantes en este recorrido.

Esta oportunidades responden a la velocidad con la cual la pandemia de ha expandido y  con ella, las medidas para contenerla. Han cambiado las preferencias y el comportamiento de los y las consumidoras obligando a las MIPYMES a adecuarse a nuevas formas de trabajar, modificando las cadenas de producción, distribución, y transporte y la digitalizando sus procesos sobre la marcha, como la única opción de continuar operaciones.

Se pueden identificar varios desafíos para este sector, entre ellos tres relevantes, considerando su dinámica actual y las metas a mediano y largo plazo. Primero, la relación con el PIB y las exportaciones: ¿Cómo deberían relacionarse con los mercados de exportación? En esta coyuntura, las condiciones favorecen a las MIPYMES especializadas en el sector externo por lo que su potenciamiento será de vital importancia.

El crecimiento del PIB por sector muestra que la actividad de la industria manufacturera tuvo un crecimiento del 3,19% siendo la tercera actividad en presentar una tasa de crecimiento superior al promedio general, resaltando la evolución de la industria de alimentos y bebidas. En cuanto a las exportaciones, el sector manufacturero fue el único que experimentó un crecimiento positivo de 15,71% entre 2019 y 2018[2], alcanzando un valor de exportación de 3,59 millones de dólares, que representa un 40,81% del valor total de exportaciones del país, mientras que los sectores tradicionales como hidrocarburos, minería e incluso el agropecuario experimentaron tasas de crecimiento negativas (IBCE, 2019).

En el mediano plazo, se debería apuntar a la mejora de los procesos productivos, siendo el principal pilar la incorporación de nuevas tecnologías con el objetivo de llegar a mercados cautivos, buscando la comercialización de productos diferenciados con alto valor agregado competitivos y que se inserten en nichos de mercado potenciales. Para esto es muy importante la articulación horizontal con empresas grandes, que tienen experiencia y conocimiento pero que necesitan de la capacidad productiva de las MIPYMES.

El segundo aspecto es el aprovechamiento de  las actuales necesidades del mercado interno en esta nueva normalidad. Si bien las MYPYMES están siendo afectadas por la pandemia también son parte de la solución, por ejemplo, las personas se han visto en la necesidad de incluir como parte del vestuario equipos de protección personal, y en respuesta a ello las MIPYMES resilientes, muy probablemente dejando de lado su actividad principal, han empezado a producir estos implementos en todas las escalas y rubros, visibilizando la enorme oportunidad de articular la cadena de valor alrededor del mercado interno.

El reto será impulsar y desarrollar estrategias que las incentiven a incorporar nuevas tecnologías que transformen su producción y a su vez fortalecer integralmente a sus actores para generar mejores condiciones y empleos de calidad, considerando que las micro y pequeñas empresas son las mayores generadoras de empleo en el país, absorbiendo el 73,1% de la mano de obra. (Yañez, 2018).

El tercer aspecto se enmarca en el financiamiento y el tipo de productos financieros que se ajusten a las necesidades de las MIPYMES. Las MIPYMES son consideradas como inversiones de alto riesgo y por lo tanto los costos financieros son muy elevados y los productos no siempre son los adecuados. Asimismo, el crédito no necesariamente viene acompañado de servicios no financieros y tampoco se promueve la implementación de mecanismos de financiamiento alterno tales como capitales ángeles o de riesgo compartido, entre otros.

Hay varios desafíos que perduran. Será vital diseñar una estrategia conjunta entre las instituciones de intermediación financiera y el gobierno a través de la entidad de regulación estatal para desarrollar nuevos productos financieros orientados a las características de las MIPYMES considerando las condiciones actuales y orientados a permitir la continuidad, recuperación y crecimiento.

Los efectos de la pandemia revisten un abanico de oportunidades. Existen espacios para corregir problemas estructurales pendientes y generar una agenda futura con la perspectiva de recuperación. Estas transformaciones estructurales que permitan la inserción en la “nueva normalidad” de MYPYMES, donde la innovación y la tecnología sean las herramientas para pensar en modelos de negocios sostenibles, resilientes y adaptados a una economía digital emergente, les permitirá competir tanto en mercados nacionales como internacionales.

[1] Consejo Internacional para la pequeña empresa,2020.

[2] Entre los productos más importantes están la soya y sus derivados, la quinua, la úrea, joyería, azúcar, alcohol etílico y las bananas

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